La tierra que tú eres.

En tu rostro descansa un lago,

entreabierto al cielo

y vigilado por las estrellas.

Son tus mejillas dos playas

por donde espero ver lagrimar alguna vez

de felicidad un río.

Tu cuello es tierna bifurcación

a los pies de todas las alturas

por dos.

En tu pecho

de tierra latente

de leche y miel

emergen dos noches

vía láctea, dos sonidos

y algunos satélites.


Y sobre el lecho

sugiriéndote de costado

las montañas que insinúas

son las montañas suspicaces de este Coyhaique

de esta tierra que tú eres

y que emulas en humedad

en lo intenso de tu paisaje

en lo inesperado de tus caminos

en tu decir estruendoso de viento

en tus manos propensas de frío.

Tú eres esta tierra

reserva de mi vida

tus ideas puras son sus habitantes

eres la lluvia

la nieve

eres la Patagonia que me esperó

que me ofreció su bosque

para perder el norte

para ganar el sur

con sus cientos de arboles.

Coyhaique eres tú,

y yo vivo en ti

en esa calle de tu cuerpo

está nuestra casa

en tus días largos del verano

están los paseos que vienen

en tus extensas noches invernales

el fuego y su calor.

Tú eres este territorio

yo te ocupo

y nuestro hijo

no nacerá como un niño nace

nuestro hijo emergerá

del fondo de la tierra que eres.


Desdibujado

El trazo casi no se nota
es como si hubiese olvidado
ser trazo,
y pensar que me advirtieron
que sin anteojos iba
yo a ver todo desdibujado...
No hizo falta
ningún deterioro
el entorno se encargó,
mis ojos esperaron.

Contra las cuerdas

En la cuerda de la guitarra tiendes mi camisa

gotas y notas de la mano en posturas

soñando en sonido

y en sueño sonando

como la línea de espuma que precipita

hasta suelo cabizbajo

indagador de algún sonido útil

Su vida al cerro

dices y asciendes de existencia

quieres ver la palabra cuidad entera

reflejada en los ojos del mismo cabizbajo

que no sabe que lo nombras desde lo alto

ALTO. (dices ahora) Y me detengo de no tener

Aunque obtengo de tanto en tanto.

En la cuerda de la guitarra tiendes

mi camisa a rayas

negras sobre el blanco

o viceversa

o víscera

de la camisa mencionada

por dentro como la cuerda

la caja de resonancia de la guitarra

como tu boca diciendo

la ultima vocal de mi nombre

o refugio como consecuencia

de estar esperando que trepe el astro

tela y botones

puños redondos

y canción que intenta estrellarse

contra cuellos y cuerdas

delirantes

Pedro Rodríguez

7...8...9...

Recuerdo esa calle
nacida en la mitad del mundo
recuerdo el rompecabezas
sugerido en sus adoquines
la ventana,
el balcón apenas aparecido
la escalera
como el pliegue interminable
de la pared.

Recuerdo ahí tu boca
en silencio
pero tan llena de palabras
despidiéndose
exactamente bajo el marco
de la puerta ignorada

Diez segundos después,
pasaron los años
y hoy,
al otro lado del tiempo
me he detenido
frente al vestigio,
de todos los instantes.

Pedro Rodriguez A

Para que lo vayamos conociendo.

Eres viejo desde siempre

Seguro estamos todos

Que naciste con ese aspecto

Que tantos añoran

Que tantos, otros,

No entienden

Viejo

Sucio de ropas

Limpio,

Puro

Único de corazón

Siempre al lado del mar

Bebiéndote su brisa

Contando barcos e historias

De bar

De marinos

Y hombres solitarios

Y mujeres como estrellas

A las que todos miran

Y pocos se atreven.

Viejo único

Tanta noche hay en tus días

Tantos días hay en este medio mundo

En el que estamos

Para conocerte

Y dejar de hacerlo…

Viejo de peldaños

De luces de niebla parpadeantes

Viejo de tinto

Viejo ladrón

A veces de objetos o monedas

Siempre de sueños

Siempre de recuerdos.

Sabes tantas historias

Viejo de mar

Tienes tantos rostros

En tu rostro

Y sin embrago

Pese a que crecí donde estas

Ya no me recuerdas

Cuando te visito no lo notas

Cuando nuevamente me voy

(sin irme en realidad)

ya no llueves

Con ese llanto que hace huir

Al vendedor de pescado

A la señora del pan

Al feriante

Al lanza

Todos cerro arriba

Despoblándote

Dejándote solo

De consuelo unos perros vagos

Que aumentan esa estirpe

Que tienes de viejo loco

No de locuras

Sino de bohemia

Viejo

Te tengo entre mis letras y mis copas

Te tengo en las paredes de mi casa

En los rincones extraviados de mi alma,

Entonces

Mírame sin dejar de mirar el mar

Sabes después de todo

Que estás un poco

En cada lugar que habito

Y que me habita.

Pedro Rodríguez.


Recovecos

Conoces bien los recovecos
de mi pensamiento
sabes por donde meterte
para llegar antes
para llegar después
justo a tiempo
o no llegar
debes contar
con los dedos
o
con un mapa
debes, segura-mente
tú misma haberlos cavado
diseñados en una noche de desvelo
que claro,
yo no provoqué.
Debes
y no pagas
aunque nada tengo que ver
yo con ese asunto
porque el evidente soy yo
y tú la vidente
porque la que conoce
los recovecos de mi imaginación
eres tú
cuando logro imaginarte

...se están muriendo las estrellas
grita un niño en la calle
dos,
una a cada lado de la cordillera
le respondo con voz y mirada
él sigue jugando a no escucharme
y entonces
todo retoma el curso...